El presidente ejecutivo defiende, ante la Junta de Accionistas, una compañía “rentable, eficiente y con valor para nuestros clientes, para Asturias y para la industria”, centrada en crecer con disciplina, proyectos selectivos y una menor exposición al riesgo.
Afirma que la fase industrial de la transición energética, donde la ejecución, el montaje y los servicios ganan peso estratégico, es una oportunidad para la empresa.
El Grupo Prodi refuerza su compromiso con una nueva aportación de 10 millones tras asumir el saneamiento patrimonial de la compañía.
Duro Felguera celebró este jueves su Junta General Ordinaria de Accionistas, apenas unos días después de la homologación judicial de su Plan de Reestructuración. El presidente ejecutivo, Eduardo Espinosa, lanzó un mensaje de futuro, que mira hacia la nueva etapa que inicia la histórica compañía asturiana tras la favorable resolución judicial: menos volumen por volumen, más disciplina y una compañía que, a partir de ahora, quiere ser juzgada “por lo que hagamos, proyecto a proyecto y ejercicio a ejercicio”.
Duro Felguera no vuelve hoy a operar, porque nunca dejó de hacerlo”, sostuvo Espinosa ante los accionistas. “Lo que cambia es que se ha dotado de una estructura más eficiente, un modelo de negocio más enfocado y una visión más clara de dónde quiere y puede crecer”. Esa fue la idea de fondo de su intervención: pasar de una Duro Felguera marcada por los pleitos y el saneamiento a otra centrada en la gestión industrial, la ejecución de proyectos y la disciplina operativa.
En esa línea, el presidente ejecutivo defendió que la nueva Duro Felguera no debe aspirar simplemente a recuperar tamaño, sino a ser “rentable, eficiente y con valor para nuestros clientes, para Asturias y para la industria”. La prioridad será crecer de forma ordenada, con disciplina financiera, selección rigurosa de proyectos y menor exposición al riesgo.
La compañía orientará su actividad hacia cuatro líneas EPC —Energía, Mining & Handling, Industria y Energy Storage—, junto con los servicios industriales especializados de Mompresa y DFOM. Espinosa situó esas capacidades en el marco de lo que denominó la fase industrial de la transición energética: una etapa en la que ya no basta con anunciar objetivos, sino que hay que construir, conectar, almacenar, integrar y operar infraestructuras reales.
Ese enfoque abre oportunidades en energía, modernización de activos industriales, minería vinculada a minerales críticos, manejo de graneles, almacenamiento, gas natural licuado, montajes electromecánicos, turbinas y otros servicios especializados. Para Espinosa, el valor se desplaza ahora hacia las empresas capaces de resolver cuellos de botella físicos, técnicos e industriales.
La estrategia comercial también cambia. Duro Felguera quiere avanzar hacia proyectos de menor tamaño, menor exposición al riesgo de ejecución y mayor disciplina contractual. Cuando sea necesario, la compañía buscará socios locales o industriales que refuercen su posición y reduzcan riesgos. “La nueva etapa energética no premiará a quien prometa más, sino a quién ejecute mejor”, afirmó el presidente.
El papel de los accionistas de referencia ocupó también un lugar relevante en la intervención. Grupo Prodi asume una ampliación de capital de 10 millones de euros, a la que se suman 13,6 millones procedentes de la venta de la sede central. La operación aporta 23,6 millones de euros de liquidez inmediata en esta etapa y consolida el compromiso del accionista mayoritario con la continuidad de la compañía.
Espinosa subrayó además que la inversión previa de Grupo Prodi y Mota-Engil México, de 90 millones de euros en 2023, ha quedado absorbida por la reducción de capital necesaria para sanear el balance. Pese a ello, Prodi realiza ahora una nueva aportación, que el presidente presentó como una muestra de compromiso industrial real con el futuro de Duro Felguera.
La nueva etapa mantiene además un fuerte anclaje asturiano. El regreso a La Felguera apareció en el discurso como una conexión entre el origen de la compañía y su futuro. Duro Felguera nació en 1858, ha sido minería, siderurgia, fabricación, ingeniería internacional y servicios industriales, y aspira ahora a seguir siendo un motor económico de Asturias desde una dimensión más enfocada y sostenible.
La Junta llegó tras la homologación del Plan por el Tribunal de lo Mercantil número 3 de Gijón, una resolución que otorga protección jurídica a las medidas previstas y permite cerrar las principales contingencias históricas que pesaban sobre la compañía. El plan afecta a un perímetro superior a 1.000 millones de euros, incluyendo deuda financiera, pasivos contingentes y litigios derivados de proyectos anteriores como Djelfa e Iernut.
Espinosa presentó las cuentas de 2025 como el cierre contable de la etapa anterior. Al cierre del ejercicio, Duro Felguera arrastraba un patrimonio neto consolidado negativo de 338 millones de euros, una deuda financiera bruta de 285 millones y provisiones corrientes superiores a 68 millones. La homologación modifica ese escenario, extingue la práctica totalidad de los pasivos afectados y permite recuperar una lógica de viabilidad operativa.
El discurso introdujo también una lectura significativa sobre la etapa actual. La nueva dirección ejecutiva ha tenido que afrontar una situación acumulada durante años, marcada por proyectos fallidos, litigios internacionales, desequilibrios financieros y una estructura operativa que ya no respondía al tamaño real del negocio. Sin cargar las tintas sobre el pasado, Espinosa buscó separar la nueva fase de los problemas heredados para trasladar el foco hacia la ejecución futura.
El mensaje de Espinosa combina prudencia y exigencia. La compañía deja atrás el saneamiento, pero no plantea una recuperación basada en promesas, sino en resultados. “No les pido que nos crean por lo que decimos hoy, sino que nos juzguen por lo que hagamos”, afirmó ante los accionistas. Esa debería ser, a partir de ahora y a juicio de Espinosa, la medida de la nueva Duro Felguera.

